Hoy día, la playa que vemos en la foto, y los sauces junto a las aguas, ya no existen. En este lugar, en toda su extensión, se han vertido cientos de toneladas de rocas y otros materiales pétreos que constituyen la base de la nueva "vía de circulació
Muchos interesados hay en hacer desaparecer esta foto. En el borde mismo de casco urbano de la ciudad, a no más de dos o tres cuadras del centro, se iniciaba este bucólico camino recorrido por cientos de vehículos todos los fines de semana del año, para gozar del paisaje, acceder a las pequeñas zonas de playa, hacer picnic bajo los sauces junto al lago, pasear bajo el aroma de los bosquecillos de boldos centenarios y llegar hasta el estero Iribarren,
donde una mini rotonda natural poblada de grandes árboles permitía devolverse y, por qué no, en las noches cobijaba a los enamorados que no tenían mejor lugar para expresar sus sentimientos.



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